Mi Foto

Anecdota : Mi amigo Pablo.

- Jose  Garcia
 
9/25/2006

Mi amigo Pablo.
Esta es la anécdota que muchos de ustedes que están leyendo en este momento, quisieran poder contar, pero a mí me ha tocado este privilegio, y contar esto y poderlo plasmar en una hoja de papel, para que ustedes lo lean, esto para mi significa un triunfo porque he logrado que por cinco minutos hagan a un lado todas sus ocupaciones y preocupaciones.
He logrado que se concentren solo en esta anécdota que para mí tiene un gran significado, pues se trata de un gran amigo mío, un amigo al cual nunca podré olvidar, porque sus ocurrencias y sus travesuras me costaron un montón de reateras y en  varias ocasiones; Por poco me cuesta hasta la vida, como lo es en esta anécdota que les voy a narrar.
Mi gran amigo, al cual me estoy refiriendo,  vivía en la casa anexa a la de mi tío Cresencio Santana (Putria) frente a la casa de mi tío Simón Santana, o sea que su casa era la última por ese lado de la calle, y claro al otro lado del arrollo vivía yo con mi familia, que para ese entonces  éramos cinco y por poquito, nomás cuatro.
Corría el año 1952 y era a principios de la primavera recuerdo muy bien que el clima era muy agradable, de tal manera que yo podía lucir mis pantaloncillos cortos de pechera con camisa de manta y mis guaraches de orca pollo y eso porque era lo más cómodo y me gustaba andar a la moda, y como dije antes; el clima así lo ameritaba, (no se crean que me gustaba traer esos pantaloncillos cortos), lo que pasaba es que; Eran los que iba dejando Antonio mi hermano porque ya no le quedaban, y mi mamá siendo una muy afamada modista, los cortaba de manera que me quedaran mas o menos de lo largo y les hacia algunos ajustes para que yo pudiera lucirlos y lucir mis piernas mugrientas, lo cual me tenía sin cuidado.
Era un lunes muy temprano, mas o meno como a las 7:48 AM cuando llegué a tocar la puerta de la residencia de mi amigo, pues una ves mas quería invitarlo a jugar conmigo pos me la pasaba muy bien con el y podía aprender mucho de él, ya que era muy inteligente  y como 2 o 3 años mayor que yo, ustedes se preguntaran que, ¿qué andaba haciendo yo tan temprano tocando puertas? Lo que pasaba es que el almuerzo aún no estaba listo en mi casa, porque en esos días mi mamá se tardaba un poco mas en preparar las cosas puesto que ya estaba por aliviarse, y no es que haya estado enferma, no, lo que tenía no era enfermedad, solo que la cigüeña estaba volando ya muy cerca de mi casa y nos traía un tanbache, que ahora viene siendo; “Eva mi hermana”.
Me han de disculpar que no valla directamente al grano, pero lo que pasa es que me acuerdo de detalles que me parecen muy importantes y no quiero dejarlos pasar desapercibidos, ya que esos detalles nos ayudarán a entender lo que en esta anécdota quiero contarles.
Pos bien toque la puerta varias veces y por fin salió Petra su hermana, un poco molesta y después de darme una buena regañada por ser tan inoportuno, me dijo que le iba a hablar a Pablo y así fue; salió mi amigo y me saludo con mucha  amabilidad, se vio, que como siempre le daba mucho gusto verme, comenzamos a jugar correteando los puercos que había en el barrio y molestando a los perros que por ahí pasaban.






Andábamos en esas arengas cuando vimos que a un lado de la puerta “tranca”  que había en la casa de mi tío Simón Santana, había un montón de ramas, plantas frescas que alguien acababa de cortar y los habían tirado ahí, y Pablo me preguntó que si yo algún día había comido de esa clase de plantas, y le conteste que no, y entonces me dijo que eran muy sabrosas que se podían cocinar con huevo, o se podían comer así crudas como ensalada o simplemente masticarlas y extraerles el jugo como si fueran cañas de azúcar, que de echo, eso era lo que acababa de almorzar en su casa, que las habían preparado muy ricas, que debía probarlas, y así fue. 
Mastique la primera, y el sabor era tan sabroso así como me lo había descrito mi amigo Pablo, acuérdense que yo aún no almorzaba y ya eran las 8:23 de la mañana, así que ya tenía un hambre feroz y esas ramas me sabían así como a tortitas de calabacitas tiernas con huevo y sabrá Dios a que más, lo que si les digo es que estaban muy sabrosas ojalá que un día tengan la oportunidad de probarlas.
Creo que disfrute por lo menos unas 3 cuando comencé a sentir que el estomago se rehusaba a seguir recibiendo jugo, de esa clase pero no únicamente eso me empezó a doler tanto el estomago y la lengua se me empezó a entumir y hasta la vista se me estaba empañando y dándome cuenta que esa clase de almuerzos no le caían bien a mi estomago, corrí hacia la casa y entrando me vio mi mamá y se asustó mucho y me pregunto; ¿Qué tienes? ¿ Que te pasa? Y yo casi ni podía contestarle primero por lo mal que me sentía y después porque estaba muy asustado, así que no le podía explicar a grandes rasgos lo que me pasaba, entonces me agarró de la mano y me llevó corriendo con mi abuelita Victoria que vivía enfrente de la casa, precisamente al lado de la casa de mi tío Simón Santana que era su hermano.
Mi abuelita al verme le dijo a mi mamá, este muchacho esta envenenado, ¿pos que comió? Por si no lo saben mi abuela Victoria era una de las mejores doctoras de Los Guajes por aquellos tiempos, ella curaba a cuanto cristiano iba a que lo recetara; Con medicina homeopática, mi mamá le contesta, que no sabía que había comido, pues me había salido a la calle desde las 7:48 de la mañana y hasta esa hora había regresado, y yo sintiéndome tan mal, pero aún sin perder el conocimiento las agarré de la mano y les fui a enseñar las plantas que me había engullido, y al verlas  mi abuelita que todo conocía exclamó; ¡es colomo! Y es venenoso, así que eso es lo que tiene, hay que darle a tomar mucha leche hasta que vomite todo eso que se tragó y también le voy a poner un “enema” como vulgarmente se les llama  a las lavativas, para asegurarnos que no le queda nada en su estomaguito.
Recuerdo que ese día tome más leche que nunca, más de la que usualmente tomo, hasta que arroje sabrá Dios cuantas cosas que hayan estado guardadas en mi estomaguito, por lo menos unas dos panelas, porque aunque en ese tiempo solo contaba con menos de 4 años, ya para esos entonces me había engullido casi un “millón” de panelas, pero lo peor de todo fue la tal lavativa, desde entonces cuando he oído que alguien menciona esa palabra, lo primero que me viene a la mente es; Mi amigo pablo, por su culpa tuve que pasar por esas experiencias a tan temprana edad, lo bueno es que me cortaron el veneno sino no les estuviera platicando esto.
Hasta la siguiente. 

Para dejar comentarios, ingresa a la pagina.